La lluvia

Las gotas de la mañana despertaban aquel día lluvioso, apagado, cansado....
Mis pies recorrían uno a uno los peldaños de aquel andén, dirigiéndome a mi destino. Aquel tren sin alas, como de costumbre, me llevaría a un poco más de lo mismo; a aquellos lugares desencantados, dónde sólo un poco de humo y café podían hacer más acogedores.  LA gente aislada se intentaba mirar, pero sólo existía el comercio emocional, y un amor al final del túnel del pasado; Y es que ella no volverá me repetía una y otra vez y nada podrá alegrarme.

Seguía lloviendo y yo ya casi alcanzaba mi sitio, aquel sitio húmedo donde los haya, aquel lugar con tempera, aquel no lugar y aquella falsedad monumental.
Me decidí por apagar la radio e imaginarme su voz, su aliento, la fantasía de su ser, pero sé que no daba la talla, ni mi mente ni mi cuerpo podrán anhelar eso, mi deseo podrido por dentro, no podía romper ningún eco, ningún sendero recorrer, solo más de sí y un espejo dando vueltas alrededor.

El espejo roto, el alma, herida, no contaba sino con ironía;
Le hice un guiño pero no hubo beso, reculé hasta el fondo de mi ser, y me di cuenta "no hay na que hacer" arremolinado sobre mis pasos volví a mi hogar, señor fracaso.

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